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Igor Mitoraj y Pietrasanta: la historia detrás del nuevo museo en Toscana

23 sept
7 min de lectura

Actualizado: 30 sept

"La ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano." — Italo Calvino, Las ciudades invisibles

Hay ciudades que parecen salidas de Las ciudades invisibles, de Italo Calvino: lugares donde la materia, la memoria y el relato se confunden hasta volverse una sola cosa. Pietrasanta, un pueblo de la Toscana, en Italia, ubicado en el corazón de la Versilia, entre el mar y las montañas de mar, es una de esas, y si nunca escuchaste hablar de ella, este posteo es la excusa perfecta para conocerla. Desde junio de 2026 tiene, además, un nuevo corazón cultural: el Museo Mitoraj, dedicado por completo a uno de los escultores más reconocibles del arte contemporáneo, Igor Mitoraj.


Pietra Santa, Toscana, Italia: Vista Panoramica. Foto de Ximena Molina en Revista Hiro, 2026.
Pietra Santa, Toscana, Italia: Vista Panoramica. Foto de Ximena Molina en Revista Hiro, 2026.

Pietrasanta: la "Pequeña Atenas" del mármol

Pietrasanta se encuentra en la provincia de Lucca, en la Versilia, esa franja de la Toscana pegada al mar donde parece que el Renacimiento nunca se terminó de ir. La ciudad debe su fama a algo muy concreto: el mármol. Hace siglos que sus talleres y fundiciones trabajan la piedra blanca que baja de las canteras cercanas, la misma que usó Miguel Ángel, que venía hasta acá a elegir los bloques directamente en la montaña.

Esa tradición artesanal —el "saper fare" de picapedreros y fundidores, como dicen en italiano— convirtió a Pietrasanta en un imán para escultores de todo el mundo a lo largo del siglo XX: Henry Moore, Fernando Botero y, claro, Mitoraj encontraron acá no solo mano de obra especializada sino toda una comunidad. No es casualidad que la conozcan como la

"Piccola Atene", la Pequeña Atenas: un lugar donde el arte todavía se hace a mano, a cielo abierto, en diálogo constante entre talleres, plazas y galerías. Caminarla es un poco eso: cruzarte con esculturas en cualquier esquina, por que si, son parte del paisaje urbano.

Pietrasanta actúa casi como una ciudad-museo, más allá del nuevo Museo Mitoraj. Se estima que hay más de 70 obras instaladas permanentemente en sus plazas y callejuelas, a lo que se suman exposiciones temporales que renuevan la Piazza del Duomo y la Chiesa di Sant'Agostino cada año. Este verano de 2026, el escultor colombiano Gustavo Velez fue el protagonista. Allí conviven, además de Mitoraj, artistas como Fernando Botero, Jean-Michel Folon, Pietro Cascella, Arnaldo Pomodoro, Kan Yasuda o Niki de Saint Phalle.

El propio Mitoraj dejó su marca en varios puntos de la ciudad: el bronce Il Centauro (1994) en la Piazza del Centauro, la Corazza frente al nuevo museo, y una Annunciazione (2013) que él mismo donó y que está integrada en la fachada de la Chiesa di Sant'Agostino, en plena Piazza del Duomo. Además, está el Museo dei Bozzetti, que guarda más de mil moldes originales en yeso de cientos de escultores —incluido Mitoraj— que trabajaron en los talleres locales.

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Pietra Santa, Toscana, Italia: Chiesa di Sant'Agostino y escultura de Gustavo Velez. Foto de Ximena Molina en Revista Hiro, 2026.

Igor Mitoraj, el escultor

Mitoraj nació en 1944 y creció en la Polonia comunista, formándose en la Academia de Bellas Artes de Cracovia bajo la influencia de Tadeusz Kantor. En 1968 se instaló en París, donde alternó sus primeros éxitos en galerías con viajes al Mediterráneo que iban a resultar decisivos para su imaginario. El giro definitivo llegó con su descubrimiento de la escultura y, en 1979, de la Versilia: eligió Pietrasanta como sede de su propio taller. Ahí vivió, trabajó y, por voluntad propia, está enterrado.

Pero Pietrasanta fue su base, no su límite. Su consagración llegó en 1985 con una gran muestra en Castel Sant'Angelo, en Roma, que le valió una invitación a la Bienal de Venecia. A partir de ahí, sus esculturas monumentales fueron instalándose en las principales metrópolis del mundo: Milán, Roma, Londres, París, Atlanta, Tokio, Nueva York. En Roma dejó la Dea Roma (2003) y las puertas monumentales de la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri (2006); en Milán, la Fontana del Centauro; y ya después de su muerte, en 2014, sus obras llegaron a un lugar tan simbólico como las ruinas de Pompeya, donde dioses y héroes mitológicos "emergieron como sueños" entre las columnas del Foro. Fue nombrado ciudadano honorario de Pietrasanta, Greve in Chianti y Massa Marittima: un reconocimiento a lo que la Toscana significó para su obra, y su obra para la Toscana.

Su lenguaje es inconfundible: cuerpos clásicos —torsos, cabezas, dioses— tratados como fragmentos, como si fueran hallazgos arqueológicos de un pasado que en realidad nunca existió. Vendas, superficies erosionadas y ausencias (caras sin ojos, cuerpos sin brazos) conviven con un pulido casi perfecto. Es una escultura que cita abiertamente a la Antigüedad grecorromana pero que, en esa misma cita, habla de fractura, de pérdida, de una belleza que sobrevive dañada. Vale la pena tenerlo presente al fotografiar sus piezas: el contraste entre la lisura del bronce o el mármol y las "heridas" que el propio artista introduce es, literalmente, el tema de la obra.


Pietra Santa, Toscana, Italia: Esculturas de Igor Mitoraj en Museo del Archivo Histórico. Foto de Ximena Molina en Revista Hiro, 2026.


El edificio: un mercado viejo convertido en museo

Lo que hoy es el Museo Mitoraj era, hasta hace poco, el mercado municipal de Pietrasanta, obra del arquitecto Tito Salvatori. El estudio milanés OBR (Paolo Brescia y Tommaso Principi), junto con Politecnica y Studio Lumine, ganó el concurso internacional que convocaron el Ayuntamiento y el Ministerio de Cultura italiano para transformarlo en un espacio expositivo permanente.

El resultado es un edificio transparente, atravesado por luz natural, pensado casi como una gran vidriera urbana en diálogo con la ciudad. El proyecto ocupa un predio de 6.128 m² con una superficie construida de 3.643 m², e incorpora una plaza pública nueva que conecta el museo con el centro histórico, reforzando su rol como polo cultural y social del pueblo. Los propios arquitectos describen su enfoque como "construir sobre lo construido": una arquitectura que dialoga con la memoria del lugar en vez de borrarla, algo que le calza perfecto a la obra de Mitoraj.


Museo Mitoraj. Foto de Ximena Molina en Revista Hiro, 2026

Lo que dice la crítica: dos miradas sobre Mitoraj

Antes de que existiera el museo, la obra de Mitoraj ya generaba textos críticos que vale la pena rescatar. En la biblioteca de Pietrasanta encontré un catálogo con ensayos de Enzo Siciliano y Rudy Chiappini que ayudan a entender por qué esta escultura sigue interpelando.

Siciliano cuenta cómo descubrió el arte de Mitoraj de noche, en la Piazza Pitti de Florencia, donde varias piezas del artista quedaron expuestas al aire libre. Describe esas esculturas caídas, casi en ruinas, como restos de una despedida ceremonial del mundo: "el silencio era su música". Para Siciliano, esas figuras —cabezas vueltas hacia el suelo, párpados entrecerrados— evocan una majestad prisionera del olvido, y algunos de esos rostros, sin pupilas, parecen decirle a quien los mira con deseo: "no me tendrás más: no podré ser tuyo".

Chiappini, por su parte, retoma una idea del crítico Donald Kuspit: la escultura de Mitoraj es una paradoja, impregnada de clasicismo porque sus figuras derivan de la Antigüedad, pero al mismo tiempo profundamente moderna por su aspecto de resto, de vestigio residual. Según Chiappini, la fuerza expresiva de estas obras está justamente en esa contaminación entre lo antiguo y lo fragmentado, entre la belleza clásica y la herida contemporánea.

Son lecturas que datan de antes de la apertura del museo, pero que se sienten actuales: hoy, frente a las mismas piezas —o a otras de la misma serie— en un edificio nuevo pensado para recibirlas, esas ideas cobran otro sentido.


La colección y el presente del museo

El museo abrió al público el 6 de junio de 2026 con la muestra inaugural Mitoraj Present. Nace de la donación de 69 obras de Jean-Paul Sabatié, pareja, heredero del artista y presidente de la fundación que lleva su nombre: esculturas en mármol, bronce y resina, más joyas que revelan la misma tensión poética que las piezas monumentales. Entre las obras más importantes están Bocca della Rocca, Corazza y Mars, donadas al Ministerio de Cultura italiano.

La institución la gestiona la Fondazione Museo Igor Mitoraj, con sede en Viale Oberdan 35, Pietrasanta, y reúne al Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento de Pietrasanta, la Región Toscana y los herederos del artista. Su director es el curador y arquitecto alemán Frank Boehm, con experiencia previa al frente de Miart y del Museo Insel Hombroich, cerca de Düsseldorf. Vaya nuestro agradecimiento a Frank Boehm por habernos abierto las puertas del museo y permitirnos fotografiar y documentar este recorrido.

Más allá de homenajear a Mitoraj, el museo se plantea como un laboratorio permanente para la escultura contemporánea: un espacio que busca poner en relación a artistas, artesanos, diseñadores y arquitectos, y que se suma a una programación de exposiciones temporales además de la colección fija.


Museo Mitoraj. Foto de Ximena Molina en Revista Hiro, 2026


Información práctica para la visita

Para planificar tu recorrido, puedes consultar los detalles actualizados en la sección oficial de Visita del Museo Mitoraj: [1, 2]

Horarios de apertura:

  • De junio a agosto (Temporada de verano): Abierto todos los días (excepto los viernes) de 18:00 a 23:00. Los viernes abre en horario matutino de 10:00 a 13:00. [1]

  • De septiembre a mayo (Temporada regular): Jueves de 10:00 a 17:00. De viernes a domingo de 10:00 a 19:00. Lunes, martes y miércoles permanece cerrado. [1, 2]

  • Nota: La última entrada se permite hasta 30 minutos antes del cierre. [1]

Costo de las entradas:

  • Ticket general (Intero): 8 €

  • Ticket reducido (Ridotto): 4 € (aplicable para mayores de 65 años, menores de 25 años y grupos de mínimo 10 personas).

  • Entrada gratuita: Menores de 18 años, miembros de la red ICOM, grupos escolares con sus respectivos docentes, personas con discapacidad junto a su acompañante, periodistas acreditados y empleados del Ministerio de Cultura. [1]


Fuentes citadas

  • Siciliano, Enzo. "Il sorriso degli dei". En: Mitoraj (Catálogo de la exposición). Florencia: Il Tridente, 1987.

  • Chiappini, Rudy. "La bellezza contaminata". En: Igor Mitoraj (Catálogo de la exposición en Lugano, Centro Cittadino). Milán: Skira Editore, 2002


Fotografia y texto Ximena Molina






 
 
 

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