Kavanagh, 90 años: volver a mirar un ícono de Buenos Aires
Finalizado en 1936 el edificio Kavanagh, con sus 120 metros de altura, 29 pisos y 105 departamentos, la torre modificó el perfil de Buenos Aires y se convirtió en uno de sus hitos arquitectónicos. Corina Kavanagh había heredado una gran fortuna de su primer esposo. En 1934 financió la construcción del Edificio Kavanagh, el primer rascacielos de América del Sur, híbrido entre los estilos modernista y art déco. Su construcción demandó apenas catorce meses y, al momento de ser terminada, era la estructura de hormigón más alta del mundo. Pero quizá su permanencia en el imaginario porteño no pueda explicarse únicamente a partir de sus dimensiones o de sus innovaciones. Noventa años después, el edificio sigue generando imágenes, investigaciones, relatos e interpretaciones, vuelve a ser punto de partida para pensar la arquitectura, el diseño y la cultura de una ciudad.

Proyecto Kavanagh en Café Cora
Proyecto Kavanagh propone algo más que celebrar un aniversario casi centenario: se trata de una muestra que reúne piezas de diseño, arte, fotografía y dos publicaciones sobre el edificio, que apuesta a poner nuevamente en circulación su legado. El homenaje, que podrá visitarse hasta el 30 de octubre de 11 a 19 hs, encuentra un escenario particular: el Cafe Cora, dentro del Edificio Kavanagh, en la entrada de calle Florida 1045. Allí, la arquitectura deja de ser solamente el tema de la exposición para convertirse también en su contexto. El vínculo con el espacio no es casual. Según cuenta Belén García Pinto, cofundadora junto a Karina Kreth de Arkheion, ya existía un recorrido previo alrededor del edificio. En 2025 se había presentado en Cora una muestra fotográfica dedicada íntegramente al Kavanagh. Al acercarse su 90° aniversario, esa experiencia fue creciendo hasta convertirse en un proyecto más amplio. “En el caso del Kavanagh fue casi un devenir natural”, explica García Pinto.
Esa relación entre obra y lugar también forma parte de la identidad de Arkheion, galería nómada de diseño coleccionable fundada en 2019. Desde sus comienzos, la galería decidió no establecerse en una sede permanente, sino desarrollar sus exposiciones en espacios elegidos por su valor simbólico y arquitectónico. En esta ocasión, ese criterio adquiere una dimensión especial: las piezas inspiradas en el Kavanagh se exhiben dentro del propio edificio que les dio origen.
El Kavanagh como punto de partida
Desarrollado por Díaz Ortiz Ediciones, Arkheion y Emma Livingston, Proyecto Kavanagh se organiza a partir de dos líneas que funcionan en paralelo: una curatorial y otra editorial. La primera propone una exposición de diseño, arte y fotografía que toma la arquitectura y la cultura del edificio como materia de trabajo. Arkheion convocó para ello a diseñadores, artistas y fotógrafos latinoamericanos con una premisa: no reproducir literalmente al Kavanagh, sino acercarse a él desde el presente. La muestra reúne trabajos de Amparo Molar; Catalina Hollmann; Marina Molinelli Wells y Celina Saubidet; Cristóbal Palma; Dolores Mallea; Emma Livingston; Ezequiel Díaz Ortiz; Gaston Badii; Lola Rollandi y Sabrina Saladino; Tasio Picollo y Marcos Altgelt; Marcelo Lucini y Ariel Estanga; y Rodrigo Bravo.
Materiales, formas, fotografías y objetos construyen así distintas maneras de aproximarse a una misma arquitectura. El interés no está puesto solamente en las piezas terminadas, sino también en los procesos que las originan y en la posibilidad de establecer un diálogo entre el diseño contemporáneo y un edificio construido nueve décadas atrás. Para García Pinto, esa es precisamente la participación de Arkheion dentro del proyecto: convocar a diseñadores contemporáneos para crear piezas inspiradas en la arquitectura, la historia, los materiales y el universo del Kavanagh, pero leídos desde una sensibilidad actual.
La muestra se plantea entonces como una conversación entre tiempos, y el lenguaje común son las texturas, colores y materialidades.
Dos libros, un edificio
La fotografía ocupa otro lugar central dentro de ese recorrido. Ese archivo propone otra manera de conocer el edificio. La cámara se detiene en aquello que muchas veces queda fuera de una mirada rápida: superficies, materialidades, interiores, encuentros entre formas y detalles arquitectónicos. Así también participa en la construcción de una memoria visual del edificio: registra aquello que existe, pero al mismo tiempo decide qué merece ser observado. La segunda parte de Proyecto Kavanagh es editorial y recupera dos publicaciones que han estudiado el edificio desde diferentes perspectivas. La primera, Kavanagh Buenos Aires, publicada en 2018 por la Dirección de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, contó con dirección editorial de Guillermo Alonso y Ezequiel Díaz Ortiz. Las fotografías de interiores fueron realizadas por Emma Livingston y las de exteriores por Gustavo Sosa Pinilla; los textos corresponden a Sergio Baur, Mariana Fiorito, Eleonora Menéndez y Silvio Plotquin, con fotografías de archivo de Marcelo Nougués. La segunda, Cora Kavanagh y su edificio, fue publicada en 2023 por Díaz Ortiz Ediciones. Con dirección editorial de Ezequiel Díaz Ortiz y Marcelo Nougués, tiene a Nougués como autor y reúne textos de Santiago Lynch, Domingo Cullen y Ernesto Montequin.
Para el 90° aniversario, Proyecto Kavanagh contempla reediciones especiales de ambas publicaciones. La dimensión editorial amplía así el sentido de la muestra. Frente a una arquitectura que solemos reconocer por su silueta, los libros permiten detenerse en su historia, entrar en sus interiores y recuperar investigaciones, documentos y fotografías que construyen otras formas de aproximación.
El patrimonio como conversación
Pensar el patrimonio suele llevarnos hacia el pasado. A la conservación, al archivo, a aquello que una sociedad decide proteger para evitar que desaparezca. Pero conservar también puede significar volver a activar. Quizá allí esté uno de los aspectos más interesantes de Proyecto Kavanagh. Porque un edificio puede sobrevivir físicamente y, aun así, alejarse de nuestra mirada. Revalorizar el patrimonio implica conservar su materialidad, pero también encontrar maneras de seguir preguntándonos qué representa, qué cuenta sobre la ciudad que lo produjo y qué puede decirnos todavía sobre la ciudad que habitamos. El Kavanagh nació en una Buenos Aires moderna, sofisticada y vinculada a las corrientes internacionales de su tiempo. Noventa años después, volver sobre él permite observar esa historia, pero también pensar el presente. Tal vez preservar nuestro patrimonio arquitectónico y cultural empiece justamente ahí: no sólo en cuidar aquello que heredamos, sino en mantener viva nuestra capacidad de mirarlo.
Texto y fotografías por Candelaria Gualda Egurza





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